Pese a estos informes, tanto en las declaraciones públicas como en los encuentros en privado, los máximos dirigentes estadounidenses se pasaron las dos semanas siguientes asegurando que los datos de la Inteligencia indicaban que los ataques habían sidos actos espontáneos relacionados con las protestas contra la película estadounidense en que se ridiculizaba a Mahoma y descartaban la implicación de grupos organizados.
No fue hasta el pasado viernes que la oficina del director de la Inteligencia Nacional, James Clapper, emitió un poco habitual comunicado público en el que se aseguraba que los informes de la Inteligencia habían "evolucionado" en el sentido de reconocer que los ataques habían sido "deliberados y organizados" y "cometidos por extremistas".
La existencia de estos informes desde las primeras horas abre un debate sobre la política de comunicación de Obama, cuyo Gobierno fue duramente criticado por los republicanos por su incapacidad para impedir un ataque terrorista contra su cuerpo diplomático en Libia. Según el presidente de la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes, Mike Rogers, estas revelaciones revelan que "el problema no fue la Inteligencia, sino lo que hizo con la Inteligencia".
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