miércoles, 26 de septiembre de 2012

'Te vas a llevar la hostia por listo'

Todo era calma chicha en Neptuno hacia las 0.25 horas de hoy. Apenas unos 400 manifestantes se mantenían en el lugar, custodiados por quizás un centenar de antidisturbios. Algunos de los agentes departían con los concentrados y dos fotógrafos con más de dos decenios de experiencia en estas lides comentaban, al unísono, que "nunca" habían visto en la capital "palos semejantes a los de hoy" -"pero por ambas partes", matizaban-. De golpe, como para darles la razón, los policías decidían decir la última palabra y poner el punto final al 25-S... de forma violenta.

E injustificada, con escenas protagonizadas por señoras de edad, que nada tenían que ver con las protestas, huyendo minutos después con expresión de pánico de una columna de a dos de antidisturbios, a medio kilómetro de Neptuno. Señoras y posadolescentes que se veían obligados a lanzarse de sopetón al tráfico para huir del pelotón de 'madelmans'. Así ha sido el innecesario y poco razonable fin de fiesta provocado por los agentes.

Hacia las 0.25 horas, los agentes que custodiaban el acceso sur de la Carrera de San Jerónimo estaban ya tan distendidos como muchos del medio millar corto de manifestantes, la mayor parte de ellos muy jóvenes. Todos asumían que lo peor había pasado, y el ambiente era de lento decaer de las protestas, ya prácticamente fenecidas. Sin embargo, de golpe, las fuerzas del orden cambiaban de actitud -y provocaban un absurdo e innecesario desorden, en contra de su propia denominación-. Una columna engrosaba al medio centenar de antidisturbios presente y entre todos empezaban a empujar a los concentrados, de malos modos, hacia Cibeles por el paseo del Prado.

La educación y el diálogo pintaban poco en el lugar en ese momento, y la acreditación de periodista aún menos. Este redactor, empujado por una porra, mostraba el carnet profesional al agente: "Venga, camina, hijo de puta, que te vas a llevar la hostia por listo" era la poco amistosa respuesta. Lo siguiente fue una ridícula carrera de antidisturbios persiguiendo a tres centenares de inofensivos adolescentes -y a todo el que hallaran a su paso- por la rambla del paseo del Prado hasta Cibeles. Era como hacer correr a un instituto o a un colegio al completo, con algunas madres y viandantes de por medio, por puro deporte.

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