lunes, 14 de enero de 2013

La corrupción

Existe la creencia generalizada de que en España hay una altísima corrupción. No es cierto: España ocupa el puesto 30 sobre 176 países escrutados. Muy por debajo de Italia, en el puesto 72; y entre los miembros de la Unión Europea se sitúa en el puesto 13.



Resulta peligroso y desestabilizador la exageración de todos nuestros vicios, tales como negar la misma existencia de la democracia, por imperfecta que sea, creer que la revolución está al caer, o que hay presos políticos. Distorsionar los argumentos contribuye a la imagen de descomposición moral de España.

Pero que nuestro nivel de corrupción no sea tan elevado como frívolamente se dice y cree no quiere decir que no se deba combatir con toda energía hasta dejarla reducida si no a cero sí a la existente en Dinamarca y Finlandia, los países del mundo con menor índice.

El problema de esta estadística mundial es que se refiere exclusivamente a la corrupción económica cuantificable. No a la corrupción ‘menor’ pero dañina, como pueda ser el abuso que los cargos oficiales en todas las administraciones, con la legión de concejales incluidos, hacen del disfrute de los aparatos telefónicos y electrónicos que les regalamos y que van desde lo deportivo hasta la pornografía, todo ello ajeno a sus trabajos para los que han sido elegidos.

Ni tampoco se refiere la lista a la corrupción moral, aun siendo legal, pongamos que hablo de los cargos públicos que compatibilizan o se hacen hueco en empresas apenas salidos del cargo, caciquismos modernos, enchufismos, nepotismos y demás descaros. Todos ellos abortan la ‘necesidad de esperanza’ para que España sea un país decente. El último aldabonazo ha sido la incorporación de Esperanza Aguirre a la empresa privada y sin renunciar a ser Presidenta del PP de Madrid.

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