Después de que el Gobierno griego cumpliera prácticamente todas las condiciones impuestas por la troika y aprobara nuevos planes de austeridad, ahora resulta que Atenas tendrá que esperar hasta una nueva reunión convocada para el próximo lunes para salir de la incertidumbre.
Las diferencias entre el FMI y las instituciones europeas no han podido solucionarse. La UE se niega a asumir pérdidas en los préstamos y compras de deuda griega hechas por el BCE y otros bancos centrales, como reclama el FMI. De otra manera, el Fondo cree que el peso de la deuda griega será insostenible para la economía del país.
Tras casi doce horas de intensas negociaciones, el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, decidió suspender la reunión de la eurozona con el BCE y el FMI. Ante este jarrón de agua fría para Grecia y toda la eurozona, Juncker dejó entrever su frustración por la falta de un acuerdo que él horas antes todavía veía posible: "Sobre Europa, no estoy nunca desilusionado porque ya nunca me hago ilusiones".
La versión oficial es que se trata de un acuerdo muy completo y que el retraso se debe a cuestiones técnicas: "Estamos cerca de un acuerdo pero hay que llevar a cabo verificaciones técnicas y hay que hacer cálculos financieros, pero hacerlo a esta hora de la noche ya no era posible", explicó Juncker. No lo hizo en la tradicional rueda de prensa, porque se había desconvocado.
Juncker admitió que con el fracaso de la reunión también queda de nuevo en el aire la fecha del desembolso del próximo tramo de ayuda para Grecia, que asciende a 31.500 millones de euros, al reconocer que no sabe cuándo se liberará el monto.
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