Ahorrar es simplemente lo contrario de gastar. Es acumular el capital disponible, bien a través de una cuenta corriente o, incluso, a través de depósitos bancarios. La idea es que uno ahorra porque en un determinado momento va a necesitar ese dinero.
No se trata de asumir ningún riesgo con ese dinero, pero no significa que ese dinero no pueda crecer: de hecho, las cuentas corrientes y, evidentemente, los depósitos pueden ofrecer una rentabilidad al ahorro acumulado. El ahorro, lógicamente, está supeditado a la entrada de dinero (rentas del trabajo, rentas inmobiliarias, etc).
Invertir es otra cosa distinta. Invertir supone asumir un determinado riesgo con su patrimonio (o dinero ahorrado), con el objetivo de alcanzar una rentabilidad que se supone superior a la de los instrumentos de ahorro. Ahora bien, por qué digo que la mayoría de nosotros vamos a tener la obligación de invertir más que de ahorrar en el futuro (salvo, evidentemente, que uno tenga un patrimonio suficientemente grande).
No se trata de asumir ningún riesgo con ese dinero, pero no significa que ese dinero no pueda crecer: de hecho, las cuentas corrientes y, evidentemente, los depósitos pueden ofrecer una rentabilidad al ahorro acumulado. El ahorro, lógicamente, está supeditado a la entrada de dinero (rentas del trabajo, rentas inmobiliarias, etc).
Invertir es otra cosa distinta. Invertir supone asumir un determinado riesgo con su patrimonio (o dinero ahorrado), con el objetivo de alcanzar una rentabilidad que se supone superior a la de los instrumentos de ahorro. Ahora bien, por qué digo que la mayoría de nosotros vamos a tener la obligación de invertir más que de ahorrar en el futuro (salvo, evidentemente, que uno tenga un patrimonio suficientemente grande).
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