Algo tiene el PP y este Gobierno en su hacer que a la mínima parece materializarse la criminalidad de masas. En cualquier época, la estrategia del miedo por parte del poder ha sido una tónica general pero, a diferencia de lo que sucede ahora, los de arriba sabían hacerlo de un modo más refinado. Sin embargo, en estos tiempos convulsos en los que a una parte de la sociedad le ha dado por pensar, el Gobierno no escatima en severidad, ni en las formas ni en el fondo. Algo tiene, como digo, este Gobierno que cuando imparte su Justicia, en lugar de castigar, se venga.
Si mala es su economía financiera (por referirme a la macro, los mercados y la madre que los parió), aún peor es su economía de la Justica. Y lo que es más preocupante, esto se produce, precisamente, en un país donde el sistema, en el que los intereses cruzados saltan de un poder a otro, ha ensanchado sus frentes y redoblado su potencia de fuego para que la disciplica fabrique – o destruya, según se mire-, individuos.
Si uno revisa la definición de “golpe de Estado” en el diccionario encontrará que éste es la “actuación violenta y rápida, generalmente por fuerzas militares o rebeldes, por la que un grupo determinado se apodera o intenta apoderarse de los resortes del gobierno de un Estado, desplazando a las autoridades existentes”. Por violento, podemos entender que “está fuera de su natural estado, situación o modo”.
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