La salida de Iñaki Urdangarín del Consejo de Administración de Telefónica Internacional por su imputación en el caso Nóos ha vuelto a poner sobre la mesa esta semana la peligrosa relación que existe entre la política y la empresa. Una relación que iba en aumento en las compañías que cotizan en el Ibex 35 hasta este año, cuando la dimisión de Rodrigo Rato y el órgano rector en pleno de la intervenida Bankia (y sus participadas), ha dejado por el camino a muchos expolíticos convertidos en administradores.
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