martes, 19 de marzo de 2013

Un tribunal de la India revoca la orden que prohibía los "safaris humanos"

Una batalla legal ferozmente disputada que podría determinar el destino de toda una tribu en peligro concluyó la semana pasada en el Tribunal Supremo de la India. Tres jueces dictaminaron que la principal carretera que atraviesa las islas Andamán, un archipiélago en el golfo de Bengala que es el hogar de 350.000 colonos indios y unos pocos cientos de indígenas, debía ser reabierta al tráfico de turistas.

En enero el Tribunal, después de haber escuchado las alarmantes informaciones sobre las expediciones que la organización de derechos indígenas y tribales Survival International ha calificado de "safaris humanos", emitió una orden provisional que prohibía el acceso de los turistas a la carretera. El tráfico no tardó en descender en dos tercios, un hecho que daba esperanzas de que los jarawas pudieran vivir de nuevo en paz, sin la intromisión diaria de cientos de turistas en su reserva.

La carretera, conocida como Andaman Trunk Road, fue construida ilegalmente en la década de los 70 a través de una reserva creada años antes para proteger al pueblo indígena jarawa. Los jarawasson una de las cuatro tribus que sobreviven en las islas Andamán; todas ellas son de apariencia más africana que india.

Como todos los pueblos no africanos, descienden de la migración humana que salió de África hace aproximadamente 60.000 años, pero son únicos en el sentido de haber permanecido en gran medida aislados de otros pueblos, que se han mezclado mucho más.

Hasta el siglo XIX, las tribus indígenas de las Andamán vivieron y prosperaron sin ser molestados, relativamente, por foráneos. El resto del mundo sabía de ellos principalmente por un relato del viajero del siglo XIV Friar Odoric, que informó de haberse encontrado con "caníbales con cara de perro", una descripción de la que se hizo eco Marco Polo.

Las cosas cambiaron de forma significativa, especialmente para los granandamaneses (un grupo de diez tribus emparentadas que no incluye a los jarawas), cuando los británicos colonizaron las islas alrededor de 1850, estableciendo una colonia penal y llevando a cabo redadas contra ellos cuando se resistían a la invasión de su territorio. Los que no murieron en las redadas sucumbieron rápidamente ante las devastadoras epidemias de sarampión, gripe y otras enfermedades nuevas, por lo que su población se desplomó de 5.000 personas a 19 en tan solo un siglo. Estos supervivientes siguen luchando en la actualidad, dependientes de los subsidios del Gobierno; encarnan una terrible advertencia del destino que podría esperar a los jarawas.

Los jarawas, que suman unas 400 personas, se resistieron al contacto amistoso con los colonos hasta finales de los 90. Pudieron mantener su aislamiento en parte gracias a su reputación de no andarse con miramientos con los madereros y los furtivos que tenían como objetivo la fértil selva de su reserva. En 1998, sin embargo, comenzaron a salir para visitar las comunidades situadas en los límites de su reserva. Los colonos indios perdieron su miedo a la tribu: la caza furtiva en la selva de los jarawas comenzó a aumentar y el sarampión se extendió por toda la población jarawa.

El turismo a las islas floreció con la entrada en el siglo XXI y la oportunidad de ver estas personas de aspecto tan intrigante comenzó a aparecer de forma destacada en la lista de atracciones turísticas.

En 2002, como parte de un caso de legislación medioambiental, el Tribunal Supremo ordenó a las autoridades de las islas que cerraran la carretera. En lugar de cumplir con la orden, el vicegobernador de las islas decidió ignorarla, con el argumento de que la carretera era demasiado importante para el sustento de los colonos.

El tráfico a través de la reserva aumentó. A un niño jarawa tuvieron que amputarle un brazo después de ser atropellado por un vehículo, y el comportamiento de los turistas hacia los jarawas se hizo más extremo. Las empresas turísticas y los taxistas "atraían" a los jarawas con galletas y caramelos. Un turista describió emocionado su viaje: "La ruta a través de la reserva tribal fue como un safari, ya que viajábamos por una densa selva tropical, buscando animales salvajes, a indígenas jarawas, para ser específicos".

El asunto finalmente llegó a los titulares de la India en 2012, cuando se hizo pública una grabación en vídeo en la que un policía ordenaba a varias mujeres jarawas que bailaran a cambio de comida.

También salió a la luz el hecho de que los turistas estaban pagando a los agentes de policía hasta 300 dólares para que los llevaran a la reserva y pudieran "interactuar" con los jarawas. El segundo policía más veterano de las islas también se vio envuelto en el escándalo subsiguiente, cuando se supo que había organizado un safari VIP privado.

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