¿Qué entendemos por leninismo hoy día?
Lo decía de forma brillante Isaac Rosa en un artículo: ‘el escrache es violento, ilegal y a nadie le gustaría sufrirlo ¿Y qué?’ Ya era hora de que alguien lo dijera. Es como discutir si la leche es blanca pero por lo visto en estos tiempos tan convulsos pero interesantes es moneda de cambio discutir obviedades hasta el absurdo. Afirmar que lo de González Pons fuesólo llamar a su timbre es una falacia pero una falacia necesaria que se convierte en una brillante estrategia que pone de manifiesto que la PAH está aprendiendo a utilizar las armas del enemigo. Somos capaces de decir sin sonrojarnos que solo llamamos a su timbre de la misma forma que ellos afirman sin pudor que vivimos en un estado de derecho. Ada Colau representa como nadie ese liderazgo colectivo (¿vanguardia tal vez?) tan necesario. La criminalización por parte de la oligarquía mediática estaba servida y se preveía completamente inevitable y con toda la artillería, el problema es que desde la extrema izquierda comunista también se ataca a la PAH: reformistas, pacifistas, lo que hay que hacer es quemar bancos, etc. Como de costumbre hilarantes discursos incendiarios alejados de la realidad social que nunca salen de cuatro bravatas en Facebook o Twitter. Como de costumbre resulta muy fácil adelantar por la izquierda discursivamente cuando se está alejado por completo de cualquier tipo de praxis social.
La PAH propone scraches y los hace. Tú propones quemar bancos pero no lo haces. ¿Quién es el consecuente? La cuestión es ¿por qué no lo haces? Porque en tu fuero interno sabes como el resto de mortales que te quedarías solo. Y como te quedarías solo irías a la cárcel y no quieres ir a la cárcel es lógico, yo tampoco. ¿Miento? Pues insisto ¿por qué no lo haces? Se llaman condiciones subjetivas y son tan viejas como el marxismo. Predicar todo el mundo puede, desde curas a tertulianos del régimen, dar ejemplo está a la altura de muy pocos. No pidas a los demás lo que tú no te atreves a hacer, es la mayor de las cobardías y una bajeza moral que te acerca más al clásico burgués «haz lo que yo diga no lo que yo haga» que a posiciones revolucionarias. Puedes sugerir, debatir y apuntar que estaría bien buscar otros métodos más directos, de hecho algunos, sea con canciones, con artículos o en las redes sociales incitamos a dar ese paso adelante. Pero en ningún caso puedes ni exigir ni insultar. Para vencer, primero hay que convencer. Los que vencen sin convencer son los fascistas ya lo dijo Unamuno.
Así que si la PAH te parece una puta mierda pacifista ya sabes, te vienes a una mani, a un desahucio o a una asamblea a ver a cuántos convences, la gente te escuchará. También puedes empezar a quemar bancos. La encuentro una opción muy respetable y por mi parte no iba a condenar nunca ese tipo de acciones, la violencia contra objetos nunca puede equipararse a la violencia estructural que sufren millones de personas en un país con una tasa de miseria del 26%, un paro juvenil del 60% o el medio millón de familias en las que no entra ningún tipo de ingreso.
Lo dije en un anterior artículo e insisto: la PAH ha conseguido lo que no consiguieron decenas de partidos comunistas en décadas y no es otra cosa que hacer que las masas cuestionen el pilar fundamental sobre el que se sostiene el sistema capitalista: la propiedad privada. Y desde luego es un buen comienzo desde una perspectiva comunista, siempre que no pienses claro está, que una mañana soleada y al azar, las masas tomarán la Zarzuela enarbolando la bandera con la hoz y el martillo recitando versos de Mayakovski. Hay gente que piensa que los disturbios en Grecia brotaron por arte de magia una tarde y no, son hijos de un largo proceso de movilizaciones que va agotando métodos y alternativas.
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