miércoles, 24 de octubre de 2012

TV3, una cuestión de libertad

¿Cuál es el principal legado de los 23 años de gobierno de Jordi Pujol? En una ocasión, el ex presidente de la Generalitat respondió a esta pregunta abriendo su cartera y mostrando la tarjeta sanitaria. Posiblemente, los fundamentos del estado del bienestar sean la mejor obra de gobierno de las primeras décadas de la democracia, tanto en Catalunya como en el conjunto de España. Pero en segundo lugar, sin duda, la herencia política de Pujol está en la construcción de un relato de país, que sirvió para salvar la lengua, cohesionar a la sociedad y recuperar la identidad nacional que el franquismo intentó borrar durante cuarenta años. Y este relato no existiría sin TV3.

La gran obra política de Jordi Pujol fue TV3. El conjunto de los medios de comunicación privados participaron de esta recuperación democrática, pero nadie como TV3 tuvo la potencia para construir un sentimiento de comunidad tan fuerte, un espacio donde la sociedad podía reconocerse y ser reconocida. Fue también un formidable instrumento de poder que Jordi Pujol supo utilizar a su favor, y su larga hegemonía política tampoco se explicaría sin TV3.

Pero el puzzle no sería completo sin recordar la obra de Gobierno del otro gran político que ha marcado la historia reciente de Catalunya. Pasqual Maragall creó un marco de libertad en TV3 como nunca habían conocido los profesionales de la casa. Así lo explicó Josep Cuní, que fuera periodista de referencia de TV3 durante siete años, en una conferencia en el Col.legi de Periodistes de Catalunya en febrero del 2008: “Los periodistas abusamos de la confianza que nos dio Pasqual Maragall y le hicimos todo lo que no habíamos tenido narices de hacerle a Jordi Pujol durante 23 años. Fuimos cómplices de su decapitación. ¿Le teníamos miedo a Pujol? No. Nos dábamos miedo a nosotros mismos. Aún no estábamos preparados para ser más libres”.

Pasqual Maragall pagó un alto precio, tanto en los medios públicos como en algunos de los privados, por sus convicciones democráticas, pero TV3, que ya tenía los medios y el talento de excelentes profesionales, conquistaba así la libertad imprescindible para ejercer el periodismo. Bajo la dirección de los periodistas Francesc Escribano y Mònica Terribas, TV3 vivió ocho años que la perspectiva del tiempo puede situar como un añorado paréntesis en la historia de los medios públicos en Catalunya. Como la antítesis de lo que han sido, y son, buena parte de las televisiones autonómicas.

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