La recaída económica ha logrado algo que parecía imposible: agravar la situación del mercado laboral español. Los datos desde que los síntomas de recesión llegaron en la segunda mitad de 2011 son elocuentes. En un año se han destruido 835.900 empleos, el número de parados ha subido en 799.700 personas y por primera vez se supera una tasa de desempleo del 25%.
La mejor prueba en el pasado trimestre de que esta nueva recesión está erosionando el nucleo del mercado laboral es lo que ha sucedido con el empleo indefinido. Se han destruido en tres meses 179.400 puestos de trabajo fijos. Desde que comenzó la crisis, esta es la mayor caída de empleo indefinido en un trimestre. El tercer trimestre no es la mejor época del año para los contratos fijos. El verano siempre ha sido mejor para los temporales. Pero en esta ocasión el desplome de los indefinidos supera lo ocurrido hasta ahora.
Se esperaba este mal dato. Lo que había sucedido entre julio y septiembre en las oficinas de empleo (90.000 desempleados más) y la Seguridad Social (220.000 afiliados menos) daban un buena pista. Al final, el golpe ha sido menor. En buena medida por lo que ha sucedido con la población activa, que ha vuelto a caer, y el empuje del empleo por cuenta propia. Estos tres factores han evitado que la subida del paro fuera mayor.
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