Santiago Martín, vecino de Sotoserrano y dirigente de la Casa del Pueblo, fue detenido por un piquete de falangistas el 23 de agosto de 1936, torturado y finalmente trasladado a un paraje conocido como Las Gargantas, cerca de Peñacaballera, donde fue asesinado a tiros. Los asesinos abandonaron el cadáver en ese mismo lugar. Un grupo de vecinos de Peñacaballera lo recogió y el alcalde de entonces permitió que fuera enterrado en el cementerio.
El 21 de junio de 2009, a iniciativa de su familia, se colocó la lápida en su memoria. Cuando el pasado 28 de agosto, la familia, que vive en Barcelona, fue a llevarle flores, comprobó que alguien había arrancado la lápida.
El acto podría constituir un delito contra el respeto a la memoria de los muertos, recogido en el artículo 526 del Código Penal y castigado con prisión de tres a cinco meses o multa de hasta diez meses.
Santiago Martín, vecino de Sotoserrano y dirigente de la Casa del Pueblo, fue detenido por un piquete de falangistas el 23 de agosto de 1936, torturado y finalmente trasladado a un paraje conocido como Las Gargantas, cerca de Peñacaballera, donde fue asesinado a tiros. Los asesinos abandonaron el cadáver en ese mismo lugar. Un grupo de vecinos de Peñacaballera lo recogió y el alcalde de entonces permitió que fuera enterrado en el cementerio.
El 21 de junio de 2009, a iniciativa de su familia, se colocó la lápida en su memoria. Cuando el pasado 28 de agosto, la familia, que vive en Barcelona, fue a llevarle flores, comprobó que alguien había arrancado la lápida.

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