Martes, 25 de septiembre
¡Vaya día que llevamos los vecinos de Cortes! Anoche ya empezaron los ruidos, la colocación de las vallas, los controles, y ese helicóptero que se planta encima de tu cama y no hay forma de que se calle.
Me ha llamado la atención dos novedades de las cuales, si las hubo en otras ocasiones, no me había percatado. Muchos policías de paisano, pero cuando digo muchos es que eran más de 50. Algunos paseaban como si fueran ciudadanos normales. Bueno, la verdad es que daban un cante tremendo. Era divertido porque hasta los ha reconocido un vecino del portal de al lado que el pobre está más “pallá” que “pacá”. Se distinguían metidos en sus coches, siempre en marcha, de dos en dos y de móvil a móvil; tuiteando agazapados en alguna coordinadora de asalto al Congreso de tinte subversivo.
La otra novedad han sido los perros. Robustos pastores alemanes que no tenían pinta de haber sido adiestrados para buscar droga o explosivos. Estos no estaban castrados, ya me he fijado en la potencia que enseñaban algunos de esos animalitos. Y digo yo…¿estarían preparados para atacar a las personas? La verdad que lo de los perritos me ha dado mal rollo. Cuando he pasado con mi carrito de la compra me encomendaba al Medinaceli para que no se me acercaran ni para olerme el medio tacón.
Por lo demás, más de lo mismo. Mi prima, que ha venido de Segovia para hacer un casting de cajera, se ha vuelto loca con tanto hombre metro ochenta. La recién divorciada ha contado más de 70 furgonetas, 40 caballos y cientos de policías. A la pobre le han impresionado los uniformes con los chalecos antibalas, los cascos y los escudos. Pero estaba encantada, nunca se había visto en otra con tanto hombre, estaba tan feliz como el chico que vive en un ático cercano. Ese sí que no tiene problemas, está todo el día ofreciendo tabaco y charlando con los barbas de tres días. Mira lo que te digo…nunca llueve a gusto de todos.
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