A principios de noviembre de 2008, los GEI iban a detener en un domicilio de Castelldefels (Barcelona) a un hombre buscado por la justicia. El sargento del GEI E.G. decidió que, por la peligrosidad del hombre, incluiría una granada Stunt entre el material de asalto, que provoca una fuerte detonación de luz y sonido que aturde a las víctimas. Pero el día antes de la operación, el sargento decidió no entrar en la casa sino detenerlo fuera del domicilio porque sería menos peligroso. Aún así, mantuvo la granada entre el material de la guerrilla.
Cuando llegó el día, detectaron la llegada a la casa de otro individuo. Cuando salieron los dos juntos en coche les siguieron con dos furgonetas por el paseo de la Ribera. Poco después interceptaron el coche, poniendo una furgoneta delante y otra detrás. Los agentes armados bajaron de las furgonetas y ordenaron a los ocupantes del coche que abrieran las puertas y salieran. Los dos individuos no hicieron caso, y se quedaron en actitud pasiva dentro.
Fue entonces cuando uno de los agentes, AM, rompió el vidrio del copiloto y lanzó la granada, que explotó en el regazo de la víctima. La detonación le provocó traumatismo escrotal, con pérdida de un testículo y el 75% del otro, quemaduras de primer grado en la palma de una mano y un muslo, heridas en una mano y contusiones que le han supuesto secuelas físicas y psíquicas.
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