Jose María Crespo
Director general y de relaciones institucionales de Público
Santiago Carrillo era un hombre de Estado. Creo que es lo mejor que se puede decir de una persona que dedicó gran parte de su vida a la actividad política, sabiendo siempre estar por encima de ella para servir a los intereses de la patria. Una patria que dejó atrás muchos más años de los que hubiese querido y de los que imaginó cuando cruzó la frontera con los derrotados de la guerra civil.
La vida del exiliado, a la que fueron condenados tantos y tantos españoles, no fue un impedimento para que su discurso de la reconciliación nacional calase hondo en este país, hasta terminar desembocando en nuestra transición política desde la dictadura a una prometedora democracia. A él le debemos ese paso adelante en el vacío que significaba abandonar las trincheras propias para elevar la mirada y poner el foco medio siglo más adelante. Para trabajar para la próxima generación, sabiendo que el mejor legado que podía dejar era un país alejado de los extremismos que en ese mismo siglo provocaron un conflicto que debe quedar siempre en nuestra memoria. Precisamente en esos extremos habitaron y habitan sus enemigos más acérrimos, que lo son también de la libertad y la democracia.
Director general y de relaciones institucionales de Público
Santiago Carrillo era un hombre de Estado. Creo que es lo mejor que se puede decir de una persona que dedicó gran parte de su vida a la actividad política, sabiendo siempre estar por encima de ella para servir a los intereses de la patria. Una patria que dejó atrás muchos más años de los que hubiese querido y de los que imaginó cuando cruzó la frontera con los derrotados de la guerra civil.
La vida del exiliado, a la que fueron condenados tantos y tantos españoles, no fue un impedimento para que su discurso de la reconciliación nacional calase hondo en este país, hasta terminar desembocando en nuestra transición política desde la dictadura a una prometedora democracia. A él le debemos ese paso adelante en el vacío que significaba abandonar las trincheras propias para elevar la mirada y poner el foco medio siglo más adelante. Para trabajar para la próxima generación, sabiendo que el mejor legado que podía dejar era un país alejado de los extremismos que en ese mismo siglo provocaron un conflicto que debe quedar siempre en nuestra memoria. Precisamente en esos extremos habitaron y habitan sus enemigos más acérrimos, que lo son también de la libertad y la democracia.
Artículo completo: http://www.publico.es/espana/442553/el-ingeniero-de-la-democracia
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